Recién iniciando mayo salí de vacaciones con mi familia, el objetivo era relajarse. Fue un viaje de 2 rutas; una hacia el bajío del país y la otra directamente hacia las costas de Guerrero, para ser exactos, Ixtapa Zihuatanejo.
Años atrás en el mismo lugar tuve por vez primera contacto con el mar; recuerdo que fue una mañana en compañía de mi abuelo, a ritmo de las agresivas olas "decembrinas" junto con el viento fresco e intenso que caracteriza al mar abierto.
¿Quién iba a decir que cerca del mismo lugar y con la misma persona escucharía algo que engañosamente me marcaría de por vida?
Los seres humanos que habitan las costas y pueblos cercanos a ellas siempre se han caracterizado por tener un trato amable y alegre con los visitantes, son en su mayoría cordiales y con una filosofía de vida distinta a la de un citadino: ellos muchas veces prefieren vivir sin tantas preocupaciones para disfrutar lo que la naturaleza y la vida les brinda, son sencillos y carismáticos, algo así como "Hakuna Matata" de El Rey León.
Los seres humanos que habitan las costas y pueblos cercanos a ellas siempre se han caracterizado por tener un trato amable y alegre con los visitantes, son en su mayoría cordiales y con una filosofía de vida distinta a la de un citadino: ellos muchas veces prefieren vivir sin tantas preocupaciones para disfrutar lo que la naturaleza y la vida les brinda, son sencillos y carismáticos, algo así como "Hakuna Matata" de El Rey León.
No era la excepción en Ixtapa, tanto turistas como habitantes se la pasaban bien en las playas, comercios e instalaciones del hotel. Tuvimos la oportunidad de hablar con muchos "costeños" y cada charla era asombrosamente variada, no era sobre los problemas generales del país o la polémica de las noticias, en verdad era enriquecedor. Pero todo cambió cuando decidimos ir a una popular playa del Centro.
Nos levantamos temprano para desayunar y tomar el primer bus con ruta a "Zihua" (abreviación propia del lugar). Al llegar a nuestro destino y bajar del transporte noté (aparte del calor fulminante) a mucha gente moviéndose por comprar recuerdos del lugar, ya no era como antes, ahora había más autos que bicicletas, más zapatos que sandalias, más empujones y malas caras que buen humor; pensé que estaba de nuevo en la ciudad.
Sin remedio, me relajé un poco, tomamos un bote hacia la isla que nos encanta y disfrutamos el trayecto. Al llegar (como mi costumbre me marca) me quité las sandalias para sentir inmediatamente el agua, estaba helada, pero soportable. Ya era algo tarde, así que después de comer marchamos de regreso, el bote nos recogió y al llegar al puerto platicamos todo lo bueno que había sido el día. Pasamos por un helado y fuimos caminando por las calles en busca de la ruta para volver al hotel. Aquí pasó todo.
Iba caminando con mi abuelo mientras los demás se adelantaban, platicábamos sobre peces y al mismo tiempo veíamos a las palomas beber agua, me adelanté un par de pasos ya que la banqueta era muy angosta y de pronto los dos escuchamos un ruido de fondo, yo lo sentí como un gran crujido, me reí por un segundo porque pensé que se le había caído su barquillo, no me intrigó aquél sonido, inmediatamente después mi abuelo gritó - ¡No puede ser! -, entonces sí me asusté un poco, creí que el ruido era de un choque vehicular, giré hacia donde estaba él y mi vista buscaba algún incidente, ví como mi abuelo solo miraba con decepción en un sentido, fue ahí cuando lo entendí: era una de las palomas que vimos bebiendo agua, había sido aplastada por un auto, por un imbécil que no quiso detenerse en cuanto la vió. Me quedé atónito, no supe qué decir, el crujir del que me reí segundos atrás eran los huesos de la pobre ave, aún se movía lentamente, ya no tenía algo que hacer. ¿El agua es incolora? Yo ví como se volvió roja.
Los seres humanos que estaban alrededor seguían con sus actividades normales, a nadie le importó, mi abuelo solo observó unos segundos más y lo que me dijo después fue algo que prefiero guardar. Yo no resistí viéndola agonizar, busqué al infeliz que se reía en su auto rojo mientras avanzaba, hice como si ya lo hubiera superado y seguí con mi familia. En todo el camino de regreso repasé la situación, y mucho más ese sonido de huesos rompiéndose, aunque claro, fingía estar felíz.
Quería llorar en el momento en que la ví morir, pero sabía que iba a parecer un "marica" (en serio perdón por la palabra), quería llorar cuando subí al camión de regreso por ver a las demás palomas volar, pero lo que menos necesitaba eran cuestionarios de mis familiares, solo mi abuelo y yo lo vimos, sólo él iba a entender mi llanto, aunque seguramente ha visto cosas peores.
A la fecha no he podido olvidar ese sonido, siento rabia por el auto rojo, el descontrol a veces me atrapa cada vez que lo recuerdo, y pensar que puede suceder a diario, ¿cuántas más habrán sido víctimas en situaciones así? Muchos han visto cómo se le arrebata la vida a alguien de cerca, es horrible, son esos segundos que prefieres olvidar, esas horribles imágenes que explotan en tu cabeza de vez en cuando. Ese día no supe si podía seguir avanzando en esta vida.
¿Quién iba a decir que por tomar un poco de agua tu vida terminaría?
-Vuelen lejos, ahora en otro reino.

No todas las personas saben el verdadero valor de la vida, es agradable conocer a alguien que sabe apreciarlo y no es nada "marica" valorar la vida de cada ser.No todos corren con la suerte de poder ver más allá de lo que que se está acostumbrado a ver, ni de valorar lo que debe ser valorado.
ResponderEliminarConcuerdo contigo y agradezco tus palabras. Cada vez más se infravalora aquello importante en la vida, lo "insignificante" que pasa día a día, pero hay que ser optimistas, un detalle puede provocar un gran cambio, ¡esperemos ver y alentar ese cambio! Buen día :)
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