Siempre hay un momento donde reímos y jugamos, al final, las sonrisas quedan en la arena y la marea se las lleva, aunque seguirán viviendo para nosotros.
Aceptación, las 10 letras que cómo cuesta escuchar y digerir, pero que son completamente necesarias. Hace tiempo que no escribía, pero ya era hora de iniciar nuevas cosas y cerrar viejas historias.
1, 2 y 3 días me bastaron para percatarme de lo interesante que podían ser un par de ojos, unas fotografías en un libro de diseño, un par de temas de nuestra historia y un sin fin de cosas más. Es increíble cómo en medio de tantas personas tu mente sólo puede ver a una en específico, o cómo entre tantas páginas siempre hay una imagen que conlleva a un mar de ideas.
Tú, te hablé por primera vez y de ahí no te pude sacar, fueron semanas en las que intenté convencerte con miradas cuando un día me decidí a hablarte más que como un simple extraño. De la misma forma, mi mente intentó convencerme de que estaba estudiando en el lugar correcto, en lo que de verdad quería. Un engaño.
De niño sólo hablaba sobre dinosaurios, cuando crecí los prehistóricos huesos pasaron a ser números y figuras, para que poco tiempo después estos se convirtieran en casas y edificios, estaba convencido, o eso creía.
El reloj de mi cabeza no se dió cuenta cuando ya estaba pisando la etapa tan soñada, en el lugar que tanto había querido, toda una metáfora en mis pensamientos. Inicié con mucho más que ilusión, pero poco a poco se fue desmoronando.
No fueron los tutores, las tareas y mucho menos las charlas; fui yo, que no paraba de hablar con el tipo frente al espejo, tratando de obligarlo a enamorarse de un lugar que quizá, al final, no era el correcto.
Como ya dije, fueron semanas en las que estuve así, porque atrás estaban los seres más importantes en mi vida, su confianza y también su esperanza, yo no era lo suficientemente fuerte para afrontar todo eso. Pero decidí seguir.
Simultáneamente llegaste tú, no te culpo, tal como la primer vez, mis ojos no te soltaron, hasta era incómodo disimular, pero no podía hacer otra cosa, porque claro, era temprano para tantas cosas en mi vida.
Como ya es costumbre, el tiempo pasó, te escurriste por donde creía nadie iba a entrar, no sé en qué momento, pero empezaba a recuperar la ilusión que había perdido al entrar a este lugar, en pocas palabras, las casas y edificios cobraban sentido de nuevo.
Noches enteras donde consumaba fracaso tras fracaso, confesiones y llanto por la incapacidad de hacer y sentir lo que los demás sí, hasta que en una de esas madrugadas tomé el lápiz y con la luz de mi lámpara, dejé que mis manos y mi mente hicieran lo suyo, cuando me percaté el trabajo ya estaba hecho, y la mejor parte, estaba sonriendo.
Las viejas ideas forzadas se revestían con gusto, y tú estabas ahí, incluso se lo dije a un gran amigo; en ese momento rogué que una cosa no haya sido producto de la otra, porque si te ibas, todo se vendría abajo de nuevo.
Las palabras hicieron lo suyo, las llamadas a la mitad de la noche y las notas musicales de eso que te gustaba, al par de victorias y derrotas cuando me paraba en frente del profesor y me decía lo que pensaba.
Estaba emocionado, todo ese tiempo había creído que sería infeliz con lo que hacía, cargando con mentiras para no decepcionar a los demás, pero algo me demostró que no tenía por qué ser así, y que con un poco de inventiva y casualidad podía enamorarme como todos lo hacían, tal como lo hacía de ti.
Pero, un día, se acabó. Los retratos que el agua dibujaba en charcos eran borrosos, grises, me veía como el yo de antes, insaciado después de cada clase. Algunos trataron de decirme que intentara otra cosa, otros simplemente no entendían, pude haberles hecho caso y haber cambiado un tanto de vida, qué exagerado, más bien, de inclinación profesional, aún con todo lo que implicaría. Pero decidí seguir.
Al paso de estos días, con errores graves en las manos, idioteces cometidas, sin tí, es como reflexiono sobre las lecciones que da la vida, los golpes que tienes que sufrir para entender ciertas cosas, para poder discernir entre lo que vale la pena y lo que hay que dejar. Uno de esos golpes es la aceptación, y para, redundantemente, aceptarla, debes pasar en ocasiones por un camino de tentación, gusto, melancolía y necedad.
Aceptar implica caminar en ocasiones de reversa, contra los anhelos más profundos, y todo dependerá de sus méritos como del sufrimiento que ocasionen, si hay algo que aprendí es que el equilibrio existencial entre el sueño y la realidad no solo debe ser constante, es completamente necesario, y la aceptación es una de las jueces que coordina dicha balanza.
Con todo esto, y para dar fin a este híbrido de crónica, quiero decir que alcanzar la aceptación es más difícil, como muchas cosas, de lo que aparenta, rodeada de una densa nube a la que le podemos asignar muchos sustantivos. Ahora bien, entender la aceptación, vivir con decisiones y recuerdos, procurar no cometer el mismo error; todo eso es parte de un proceso que, pequeño o grande, es determinante para obtener cierto día la sonada satisfacción, aunque sea momentánea.
Sé muy bien que soy demasiado jóven como para que mis porquerías suenen en la mente del lector, al igual que sé que todo este blog es una paráfrasis de una vida más en esta red global, a pesar de todo, hoy, al medio día de la décimo noveno uva de Enero, permanezco resignado y optimista para que las palabras y los recuerdos no queden solo en la playa; vayan más allá de lo que el viento les diga.
Con todo esto, y para dar fin a este híbrido de crónica, quiero decir que alcanzar la aceptación es más difícil, como muchas cosas, de lo que aparenta, rodeada de una densa nube a la que le podemos asignar muchos sustantivos. Ahora bien, entender la aceptación, vivir con decisiones y recuerdos, procurar no cometer el mismo error; todo eso es parte de un proceso que, pequeño o grande, es determinante para obtener cierto día la sonada satisfacción, aunque sea momentánea.
Sé muy bien que soy demasiado jóven como para que mis porquerías suenen en la mente del lector, al igual que sé que todo este blog es una paráfrasis de una vida más en esta red global, a pesar de todo, hoy, al medio día de la décimo noveno uva de Enero, permanezco resignado y optimista para que las palabras y los recuerdos no queden solo en la playa; vayan más allá de lo que el viento les diga.
Clamamos perdón por los errores, pero no buscamos soluciones, razones suficientes. Volveré.

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