viernes, 2 de febrero de 2018

Lástima.

Todos alguna vez la hemos sentido, y por desgracia, también recibido en ocasiones. No hay que confundirse, es perfectamente normal, el problema es que Lástima detesta al orgullo. 

Hace tiempo que quería hacer esta entrada, y hoy creo encontré la situación indicada para sacarla.

Decenas de páginas en internet te podrán definir el término mejor que yo, si tú profundizas, te darás cuenta que en nuestro lenguaje, o al menos en el español, hemos cometido uno que otro error respecto a la palabra y su significado:

  • Lástima ha ido deformándose con el paso de los años, al punto de que la usamos para designar ese sentimiento de tristeza y, erróneamente, "entendimiento" por el dolor de alguien. 
  • En realidad, en su uso más agradable, implica permanecer afectados por la situación o desgracia en particular, más no en verdad hacer algo por reducir el síntoma o tratar de resolverlo, aunque a veces creemos lo contrario. 

Para salir de este bucle y palabrerías de diccionario, al momento concluimos que Lástima es otra de esas palabras que usamos con trivialidad, a veces sin el mínimo cuidado o distinción con otras que se asemejan más a lo que queremos llegar, como lo son la empatía y la compasión, tema futuro que ya tendré que tocar.

Con más basura que nunca en todos los sentidos, enfrentamos nuestra época más difícil, y de verdad que es normal sentir un poco de tristeza por ello, porque de repente a muchos nos sale ese espíritu altruista que colabora e intenta hacer un espacio mejor, otros tantos también solemos mirar con atención los escombros de una tragedia, aunque en silencio, sólamente con júbilo.

No se oye mal cuando sentimos lástima por x o y situación, se nos hace común, nos vuelve y regresa en ocasiones a nuestra más remota humanidad, pero, ¿Qué pasa cuando eres tú quién tiene la envolvente de infortuna? ¿Qué pasa cuando eres tú el que ve miradas alrededor que te dicen que todo va a salir mejor cuando saben que no será así? Es la 5ta vez que la mencionaré; se llama Lástima, qué asco para algunos. 

Individual como colectivamente padecemos de complejos que nos dan carácter y unidad, uno de ellos es el clásico orgullo, hablamos de ese que no soporta recibir ayuda de alguien en específico, o de ese que no puede equivocarse y si lo hace, se vuelve incontenible. Queda claro que al hablar del fuego debemos mencionar al combustible. 

Si bien es cierto que a unos nos pega más que otros, tan solo saber que eres víctima de alguna estupidez tuya o fuera de tu alcance, basta para desmoronarte desde el interior, pero el hecho de recibir no más que un "todo estará bien" o tan solo el silencio de quién se supone te acompaña en la pelea, eso, eso además de no gustarle al orgullo, te fractura en alguna parte por creerte único en un mundo de más de 7000 millones.

Basta un cristal roto para que puedas cortarte, un cerillo para quemar mil árboles ¿Cómo no iban a ser suficientes un comentario y una inacción para detonar risas y miradas de empatía, pero en mucha mayor proporción de lástima? 6ta vez.

Cuando enfrentamos algo generalmente hay acciones que te permiten saber el siguiente paso tuyo y del oponente, en segundos puedes estar tirado en el suelo, expirando no más que tristeza y vergüenza (desde tu perspectiva) o bien conectar un golpe hacia la victoria, los escenarios son tan variados que el mismo presente te obliga a defenderte mejor o golpear con más fuerza cada vez, volviéndose parte de tu aprendizaje en la travesía de vivir. Al final, la decisión entre ahogarte y que todos vean o ser tú quien te rescate, como siempre, será tuya.

Finalmente, vale advertir que muchas veces no es sólo el cerillo el que interactúa con su caja para encender, en ocasiones encuentra su camino con una lupa y mucho sol, o con un fósforo más. Así con el tema; el problema de la Lástima también puede originarse cuando no ves más allá de lo que la decepción te permite, es decir, el hecho de esperar más de los demás, y que cuando fallan, sólo te produce desilusión, quizá frustración, deteriorando partes tan sensibles como la confianza.

Que quede claro, existe una gran diferencia entre el que confía en tí, prestando su hombro, y al que le basta con entender. Hay una gran distancia entre decir y actuar. Ya lo dije una vez hace un par de años: sé todos esos adjetivos que te gustaría se empleasen contigo.

Ella es como un Sol invernal por una rendija, esperas que caliente pero al final se vuelve una decepcionante luz fría e insípida, así es la Lástima, octava y última. 

1 comentario: