domingo, 21 de octubre de 2018

Nostalgia.

No es lo mismo voltear atrás en busca de recuerdos, a mitad de un presente tibio, que cuando corres a toda velocidad, sabiendo que hay más preguntas que respuestas. He aquí una brizna de ambos.

Se siente bien volver.

Me hace falta volver, me hace falta volver, me hace falta volver, es lo que me digo obligándome a sacar el hambre que antes tenía por escribir, y que ahora no es más que un link perdido de Internet. Pero estaré bien. Dicho esto, a ver si puedo ordenar mis ideas.

Desperté con ganas de aportar algo nuevo a mi vida, y recordé que la misma basura que escucho todo el tiempo en el reproductor podía servir,  fue así como prendí el ordenador, saqué provecho de mi app de música preferida y me puse a buscar sin saber exactamente qué buscar.

Inicialmente regresé a esas canciones que escuchaba en la secundaria, hace ya más de un lustro, para después pasar a mis viejos pero añorados temas del 2015. Obviamente se sintió bien escuchar con atención y remembrar por qué me gustaban, pero a la vez, por qué llegué a ellas; por rabia, por tristeza, nunca felicidad.

Quieras o no, a esa edad no hace nada bien guardar ese tipo de tendencias y gustos por cualquier género musical (y eso que hablamos de música solamente), solo omití pensar en eso y continué con mi inquietante búsqueda. Así llegué a otra faceta de mi vida; cuando detestaba las órdenes, me creía independiente e indomable, JA JA JA, ¿qué te pasó?

Vale la pena recalcar que hubo un momento, una canción en específico, donde hoy, a mis 19, puedo decir que sufrí una gran transición entre la niñez y la pubertad, o al menos eso pienso, con el debido toque de drama, por supuesto, hablo de Boulevard of Broken Dreams por Green Day, y es que de venir oyendo canciones de series, openings y lo que viniera muy de moda, pasé a estar con una predisposición a lo que en ese tiempo llamaba "sombrío". Digo que ese detalle fue importante porque a partir de ahí vi la forma de vivir un poco distinto, por primera vez dimensioné que hay una realidad donde no hay piedad, donde nos robamos el agua y en donde vamos solos en nuestro tren de viaje.

Fue increíble recordar cómo es que en ese tiempo llegué a conclusiones tan radicales, más si ni siquiera tenían mucha relación con la canción, sobre todo porque incluso ahora al escribirlo, no hallo respuesta, creo que fue uno de esos chispazos sin causa pero sí con consecuencias.

Retomando los hechos, me la pasé un par de horas examinando mis deficiencias emocionales de ese momento y comparándolas con las actuales, entonces algo capturó mi atención, pues, sin previo aviso, en mi cabeza brotaron los recuerdos de cuando era niño, bajando las escaleras en los hombros de mi abuelo y fingiendo ser el Rey del Mundo. Vaya, mis lágrimas brotaron, porque son épocas que inexorablemente me recuerdan lo rota y vacía que se ha vuelto mi expresión al bajar las escaleras, una y otra vez.

Algo no estaba bien, porque de las lágrimas pasé a la decepción en el primer año de preparatoria, así, incomunicado  hasta conmigo mismo. Sin embargo, cuando llegué al siguiente ciclo escolar (ahí es cuando en repetidas entradas menciono que experimenté una re-estructuración) muchas cosas cambiaron, personas se fueron y llegaron otras. Todas en mi memoria, todas importantes en algún momento.

Lo importante en toda esa bola de agitadas remembranzas es que apenas hasta hoy, varios años más tarde, caigo en la cuenta de que de verdad tenía los medios y formas de ser inmensamente feliz, tenía un propósito que, maduro o no, representaba la identidad construida por mí en varios años. Todas esas estúpidas imágenes en redes sociales tienen razón: hubo momentos en los que dejamos ir oportunidades, y hubo otros tantos que por no hacer lo correcto, se fueron con todo y la sonrisa que pudieron haber dibujado. En fin, nada del otro mundo, es normal.

Y bien, todo ese contexto para llegar a lo que diré en las próximas oraciones: Descubrí que la tristeza me embargó solo una vez cada que experimenté algo nuevo, quiero decir que la vez que reprobé matemáticas, el día que un amigo se fue, cuando me enamoré por primera vez, cuando tuve que renunciar a quién en ese momento me hacía feliz, aquellas veces que me embauqué en un llanto triste y púrpura, al ritmo que mi mente las transformaba en recuerdos, las volvía incoloras pero no tristes, sino apagadas, a veces volviéndome apático y con el mero gusto de cargar con ellas hasta hoy. Lo entendí, eso que llamaba tristeza, en realidad, era nostalgia

Hay una diferencia elemental entre la tristeza y la nostalgia que parece minúscula pero en realidad es determinante, pues mientras la primera es una emoción enmarcada por abatimiento y dolor, la segunda puede ser una causa o no de ella, y por ende, puede ser un llanto en medio de una sonrisa o de un grito desesperado. A lo anteriormente descrito hay que añadirle que, en términos simples, la tristeza desconoce los límites del tiempo, pues es capaz de envolverte por algo que ni siquiera ha pasado, en cambio, la nostalgia surge sólo a través de un recuerdo y de lo que este implica.

Parece nulo, sin importancia, el conocer lo que las diferencía, pero creéme que si lo hubiese sabido muchas cosas serían diferentes. Hay que entender la nostalgia como un sentimiento ante la pérdida o ausencia de algo del pasado que nos producía felicidad, y que tras estarlo maquinando, cobra factura a la buena, o a la mala si es que no sabemos tratarla.

Nostalgia es cuando constantemente recuerdas cómo te sentiste al fallar el examen, nostalgia es cuando lloras los días que disfrutaste con tu fiel amigo, es cuando piensas el gran significado que tenía el estar con ella y cuando volteabas al cielo buscando los ojos que ya no iban a volver. No era tristeza, era, como ya dije, el resultado de un apagado recuerdo. Pero eso no es todo.

Nostalgia es cuando te ríes de lo triste que te veías por fallar el examen que después aprobaste, nostalgia es también cuando recreas las carcajadas que pasaste con quien ya no está y sonríes; es cuando te sientes feliz con la decisión que tomaste.

Tiempo atrás hice una entrada sobre el recuerdo destructor y qué postura adoptar ante él, lo que no puedo creer es que pese al hecho de haberla realizado, no entendí la magnitud y alcance que de verdad proyecta. Efectivamente, hay buenos y malos tragos, pero lo que no sabes es que eres capaz de hacerlos así tal cual, buenos, o malos, apelando a la expresión -sufres porque quieres-.

Detesto los "hubiera", pero, si hubiera entendido que lo había perdido a él pero no todo lo bueno que me dejó, que a pesar de haber renunciado quedaron un montón de luces en el agua, mis días pudieron ser más ligeros. No te confundas, la verdad es que sí suena estúpido cuando lo piensas, pero la forma de ver y atacar un problema, un recuerdo, puede determinar la manera y rumbo que tomaremos después.

Eso sí, más vale no arrepentirse, porque una cosa llevó a la otra, y como es bien sabido, sin errores no hay construcción, es más, quizá sin esa "carga" que hemos llevado, gran parte de lo bueno que nos rodea, los momentos y quienes nos acompañan, no estarían aquí, quién sabe, es el círculo vicioso que me hace preguntar si de verdad estamos destinados o no. Quizá fue bueno equivocarse, pero ahora que entendimos, no vale hacerlo de nuevo.

Facilítate el camino.
Nostalgia, tú como la suposición, eres engañosa, pero no dudo que al final ese sea tu propósito; persuadir, prepararnos. 












No hay comentarios:

Publicar un comentario