Y creo que entonces lo entendí. Después de tanto tiempo lo hice, esta vez sin música, sin un impulso verdadero y destructor, solamente fueron los recuerdos, el miedo, la resignación.
Siempre me jacté de querer vivir una gran aventura, de ser el héroe de mi profesión, de aspirar a lo diferente y lo realmente correcto. Pasó el tiempo y con ello las derrotas, las pérdidas y las caídas, la pretensión de mis palabras ha estado en su lugar por mucho tiempo. Quisiera volver a leer mis metas y logros del 2013, mis sueños, decirle al niño de mi infancia cuánto hemos crecido con esmero y una sonrisa, y tal vez podría, pero no sería real, porque me he equivocado en formas inconcebibles, he visto y hecho cosas horribles, he hecho daño y me lo han hecho. No estamos listos para leer el peor de nuestros crímenes, nos da vergüenza, sentimos odio hasta que simplemente nos acostumbramos y lo aceptamos, y el proceso puede durar años, meses, días.
De cierta forma es triste y nostálgico recordar que las risas y alegrías de niños ya no volverán a ser las mismas, crecemos y nos sentimos en completo control de lo que nos rodea, aunque seamos los primeros en complicarnos el camino. Creía que una entrada podía cambiar el mundo, viví con la esperanza de que mis actos se replicaran con honestidad y convicción, pero no contemplé en mi arrogancia que no hay perdón ni culpa que nos saque de nuestro propio infierno, y entonces solo nosotros al final extenderemos la mano para levantarnos, si no, ya no habrá un cambio que bendecir.
Hoy veo en los demás la más pura de las imperfecciones; el amor, y tal vez fue lo que nunca comprendí, o lo nunca quise entender. Caigo en la cuenta de que no todos pueden sentir y sacrificar lo mismo, que no todos perciben el esfuerzo y las lágrimas de la misma forma. Y es que suena obvio, tantas entradas, varios años pensando que de verdad conocía lo que sentía y escribía, y qué mágico saber que estuve equivocado. Todos podemos sentir amor, pero no todos somos capaces de entregarlo todo por él. Esta es la verdadera entrada que nunca pude escribir, quizá la más corta y trágica para todos en realidad, porque ahora no solo se trata de mí, sino de ti también.
Crónicas de un mortal te desea suerte, cambia lo que quieras y serás lo que cambies.
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