Encender el televisor, ir al cine, comentar en una red social, una fórmula que se repite sin pensar el tiempo que invertimos en ella. Fugaz, siempre hemos sabido que la vida es así, ahora intenta simpatizar con los que definen fugaz en un número.
Conocía a ese sujeto, era un amigo importante de mi círculo familiar. Con carisma y generosidad nos invitaba cada que había un pretexto para vernos. Yo, siendo un niño, me aburría fácilmente en cada fiesta familiar, pero algo diferente pasaba en sus reuniones; pensaba que se trataba de la libertad que tenía para salir, jugar con sus hijos y niños de mi edad. Ahora de 20, la respuesta es otra.
Transitar por los suburbios se ha vuelto un manjar de experiencias diversas en las ciudades, el ocio y entretenimiento se han consolidado como nuestro núcleo de interacción social, al parecer nos regocija la idea de salir y pasear por cada lugar que encontremos interesante.
Pasa un fenómeno similar y al mismo tiempo curioso en el nuevo modelo de vida de la era digital. Ahora también nos conforta quedarnos en casa, ver la televisión, una serie o película, comer algo de chatarra y hablar horas por teléfono. Seas X o Y, siempre hay algo qué hacer. Luego llegan los Z, esos que optan por actividades más selectas, al punto de aislarse en ocasiones.
¿Sí lo ven? tenemos un catálogo de posibilidades y aún así, tarde o temprano, podemos sentirnos atrapados en una red monótona, pero, ¿Nos importa? ¿o antes de responder la pregunta anterior optamos por seguir bajando en el feed de Instagram?
Era una persona muy humilde, siempre alegre y el mejor anfitrión porque apostaba por llevar el centro comercial y el café a su casa, veía en nosotros una historia por cada minuto que estábamos en su casa, con su familia. Un día un tipo de blanco le dijo que solo le quedaban 30 días para seguir riendo.
Nunca sabremos qué sintió en ese momento, pero esa chispa que traía encendida todo el tiempo, sin previo aviso, se esfumó, se paralizó en un estruendo que solo él pudo escuchar. Cuando nos enteramos no lo entendimos, surgieron mil preguntas, pero lo más importante nos atravesó a todos: ¿Y ahora qué?
Entonces pensé: nos divertimos, reímos en grupo y contamos mil anécdotas, pero cuando tuvimos la oportunidad de decir un te quiero, abrazarla o salir con ellos en vez de quedarnos jugando en la consola, simplemente no lo hicimos.
No es un tema que solo competa a la madurez y el valor que le damos a las cosas, va más allá. Recae en nuestra capacidad para salir del esquema tan lineal de vida que llevamos, se vuelve un asunto que supera lo que sea que estés haciendo con tu celular, ¡Hey! Los segundos pasan, e inevitablemente las personas se van con ellos.
Tan explotado que se ha vuelto hablar del tiempo y su jurisdicción, y, aún con eso, seguimos sin hallar las respuestas precisas, seguimos jugando con lo que nos regala 2 minutos de alegría, sin ver que ahí afuera hay horas y horas de vida flotando, como burbujas en el aire.
Y no, no quiere decir que estamos haciendo todo mal, sino que la invitación ahí está para que por unos segundos nos dediquemos a dar ese abrazo, a salir con ellos o tal vez a llamarle a esa persona que dejamos rezagada tiempo atrás.
Francamente no podría soportar la idea de ver el calendario e inmediatamente pensar en la cuenta regresiva, me entristeció severamente el hecho. ¿Qué hacer, con quién ir, cómo vivir? Fueron las primeras preguntas. Las respuestas obviamente no las encontré yo, pero sí nuestro amigo. Organizamos la última reunión, reímos, cantamos y lloramos porque era una despedida anunciada.
Fue el día 36. Los número estaban ahí, hostigándonos. A pesar de que sabíamos que pasaría, evidentemente a todos nos sorprendió. Fue desgarrador, pero antes nos había dicho que era nuestro deber hacer de ese día un gran festejo, porque no se iba en realidad, se quedaba, decía.
Ahora lo entiendo, no eran los juegos o la libertad para salir lo que hacía que me sintiera tan bien en sus reuniones; era la gente la que lo hacía posible. El cáncer puede ser un cuento de terror, pero cuando lo tienes de frente, se vuelve una irremediable pesadilla.

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