Sí, no hay duda, está justo en frente de mí, y no puedo hacer nada para evitar que me sienta absolutamente deseoso por hablarle, excepto tal vez solo hacerlo.
Dibujar es una de las cosas que más me sorprende de la gente, pero en tu caso sucede algo diferente; no me malinterpretes, eres una de las personas más talentosas que conozco, sin embargo, de alguna manera logras hacer que perciba en cada trazo tuyo una historia qué contar.
Las cosas no suelen ser así de complejas, y mientras lo pienso no puedo dejar de mirar al frente y preguntar: ¿Qué demonios estoy esperando? ¡se te va al tiempo! Anda, ¡ve y dile algo!
¿No es estresante que todo el mundo tenga confianza sobre el éxito del siguiente movimiento, excepto tú mismo? Porque al parecer todos lo tienen muy claro, en repetidas ocasiones no falta la inconformidad acompañada de unos ojos irritados que voltean al cielo.
En fin, una aventura más, y es que mientras dibuja, mi cerebro se encarga de decirme de una vez por todas que vaya, no sé, ¿lo haré? después de todo, solo soy un chico esperando una conversación en medio de una cafetería.
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