Es el vuelo 372, no solo dejo atrás la Ciudad de México, sino también mi huella por el 2023 en los lugares que frecuento, de la misma manera, dejo atrás momentos para que se vuelvan recuerdos, felices y tristes.
Te soy franco, estas semanas me
la pasé pensando qué hacer ante el inminente cierre del año, pues era en estos
días, pero hace unos años, cuando solo tenía una cosa en mente, sonreír no me
costaba, y mucho menos ver más allá de lo que tenía de frente, o al menos eso digo.
Los inviernos se vuelven largos y
difíciles según a quién extrañes, más cuando te quedaste sin dar lo que debiste
dar, es ahí cuando las causas o pretextos poco importan, incluso si en el
momento no eras quién eres hoy, para bien o para mal.
A veces no dimensionamos lo
suficiente que el tiempo no da revancha, nos confiamos por ver nuestro presente
avanzar y estar cerca de las personas que lo forman, pero si algo me dejó mayo
fue que la lluvia no solo viene del cielo, sino también de nosotrxs, y son esas
gotas las que repentinamente se transforman en decisiones, volviéndonos
personas diferentes, o al menos cambiando nuestros rumbos.
No obstante, fue septiembre quien
me obligó a darme cuenta de lo anterior, y creo que lo sabes, es doloroso
mirarse al espejo y ver a alguien diferente, pero cuando te das cuenta, ya es
tarde. Tú me dijiste que era normal, pues naturalmente así son los caminos de
la vida. Más tarde tuve que entender que son los ideales, la fuerza de
tus convicciones, como decía Lupin, lo que debe prevalecer en nuestra persona.
Y claro, a veces nos perdemos, yo lo hice, y cuesta encontrar otra vez el camino, solo para
darse cuenta de que ya no es como antes.
Al final, llegaste tú, diciembre,
tan frío y nublado, no te recordaba así. A 27 000 pies de altura el cielo
se despeja otra vez y vemos por debajo las nubes, igual de blancas, pero sin
adquirir el mismo significado que me daba vida antes, sin estar tú en ellas.
Pero el invierno también tiene cosas
lindas, como la nieve, las pistas de hielo y los atardeceres. Tal vez si
hiciera suficiente frío como para congelar el infierno, tú y yo podríamos…
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