En los últimos 80 años, millones de voces se han unido contra un particular enemigo; la opresión, pero no la que limita los derechos humanos o premia las dictaduras que aún gobiernan ciertas regiones del globo, sino aquella que se escurre todos los días entre nosotrxs y violenta a la mujer en todas sus dimensiones.
Este patrón continúa perpetuándose desde la ignorancia e invalidez argumentativa del patriarcado, pero lo más preocupante es que no hay barrera que lo contenga: todas las disciplinas se involucran, y hay una en especial que se ha vuelto cómplice desde los primeros edificios.La subordinación humana ha existido desde la consciencia y comprensión en las primeras estructuras geopolíticas y sociales. Este concepto evolucionó más tarde en un acto de dominación enfocado en un esquema obsoleto de crianza y protección como el papel fundamental de la mujer¹, en consecuencia, el hombre se autoproclamó líder e institución al controlar todo ímpetu de avance y desarrollo en la especie humana². En este orden de ideas, la ciencia y religión históricamente tejieron un rezago de oportunidades contra la mujer, dificultando y negando sus capacidades y virtudes para sobresalir, eso sin contar la interminable lista de injusticias en las luchas sociales, la violencia y los feminicidios.
Desde un punto de vista urbano y arquitectónico, han sido pocas las creadoras reconocidas frente a los “padres” de los diferentes movimientos y estilos históricos en las disciplinas, en cambio, el arquitecto creador es la incorrecta figura mitificada que aún funge como referencia en la profesión³, y su obra, un símbolo donde las mujeres siguen sin tener lugar. Así es como el credo del patriarcado retumba como eco en los edificios que lo cobijaron y le dieron poder.
La opresión hacia la mujer no se queda en un discurso político y autoritario; seguimos sin entender que la sembramos en diversas construcciones y estigmas sociales; nos persuadimos por su rechazo a las voces populares y su manifestación; la extendemos a través de los muros, la tectónica de sus materiales y el significado de su historia. Hoy nos refugiamos en la falacia que alega el respeto por edificios y monumentos, pero contradice los ideales y estandartes que alguna vez los impulsaron.
Un 8 de marzo ya no es más otro día del calendario. La lucha es y será de ellas.
¹ Friedrich Engels, El Origen De La Familia, la Propiedad Privada y el Estado. 1a. ed. Oruro (Bolivia: Latina
Editores, 1999)
² Gerda Lener, “Los orígenes” en La creación del Patriarcado: traducción por Mónica Tusell (Nueva York:
Oxford University Press Inc, 1986) 16-41.
³ Nuria Álvarez, “Lugares de exclusión” en Arquitectas redefiniendo la profesión (Sevilla: Recolectores
Urbanos Editorial, 2015) 31-87.
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