Cuando menos lo esperas e imaginas, las leyes de atracción conspiran para llevarte a un punto y lugar en específico, pero es la claridad de tu mente la que te permite verlo, o tal vez sentirlo.
Es claro que nos ahorraríamos mucho tiempo. Contar hasta diez sería la nueva dinámica para saber si queremos conocer a alguien o no, pues en ese lapso sabríamos si es su resplandor lo que nos motive a dar el paso, o solo la frugalidad de una luz cálida.
Aún no existe un radar que nos permita ubicar con quiénes estar o no, pero lo que sí existe es la intuición; esa pequeña flecha que nos orienta y que en comunión de ciertas fuerzas indescifrables hasta ahora, nos propone dar uno o tantos pasos como necesitamos para encontrar a quién debamos encontrar.
Y lo místico no para, porque entre santos y demonios, la luz de cada quién brilla tanto que no impide que seamos nosotrxs a quiénes nos encuentren.
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