No hay cover, es temprano y traemos ganas de dejar huella. Enseguida se cruzan unos ojos verdes que me hicieron ver todo en slowmotion. Con ello tuve claro que tenía que hablarle, pero ¿a qué costo? Esta es la historia y representación moderna de cómo México vendió la mitad de su territorio.
De cierta manera Puerto Escondido nos advirtió que Xcaanda era el lugar para pasar el domingo. Lo tomamos como misión divina porque desde un día antes hubo señales que ignoramos. En fin, el pasado nos distrae del presente y nos empezamos a arreglar. Le ofrecí loción a mis camaradas y uno de ellos de inmediato me preguntó si ésta tenía feromonas (obviamente no), entonces entendí que había compromiso total con la misión.
Listos y en fa llegamos a Xcaanda; música a buen ritmo, algo de banda afuera precopeando y nosotros con un nivel de flow decente. Todo iba bien hasta que de repente sonó en mi cabeza la intro de On the Floor de J.Lo, ajá, como en la secundaria, y la culpa fue de un par de ojos verdes que entre varias personas destacaban por su alto impacto.
Le dije a uno de mis amigos que era momento de actuar, y valiendo madre nos acercamos a hacer la plática, ahí comprendí que la dueña de esos ojos traía una actitud digna de Zendaya en gran parte de sus películas (no hate).
Sin más rodeos, entramos. Timing perfecto ya que justo en ese instante había promo de 2x1 en todos los tragos, así que tocó aprovechar, yo me pedí una margarita. Después de un rato por fin entraba la chica que me había interesado, ahora sí el ambiente comenzaba a cambiar de ritmo. Antes de todo, la primera parada era el baño, sin saber que ahí encontraría a la persona protagonista de la noche.
Las casualidades no existen, me quedó claro en los lavamanos al conocer a Diego, un completo personaje, extrovertido, con carisma, de esos que traen Photoshop instalado en la cara porque no importa qué gesto haga, siempre se verá innecesariamente guapo. Conversamos brevemente y segundos después me estaba presentando con su squad. Algo me decía que no era con fines tan amistosos.
Sin demorar, me los fue nombrando uno por uno, desde el más tímido hasta un MEGA influencer regio (según). Todos ellos venían en plan experiencia patrocinada.
Compartieron cheve, situación clave para que Diego me confesara que sentía una atracción inusual, totalmente realista y justificada si me lo permiten, por uno de mis amigos, señalando a quién de los 3 era. Le dije que se lo iba a comentar, no sin antes dejarle bien clarote que él era hetero. Todo comenzaba a hacer click, por eso les dije previamente que las casualidades no existen.
Total, voy con ellos y les platico que el grupito donde me encontraba entendía la fuckin vibra. Evidentemente encontraron su fe en mí y sin dudarlo me siguieron. Aproveché para abordar a mi amigo, de aquí en adelante conocido como el afortunado, y le comenté que ya tenía pretendiente, solo se rió, pobre.
A los minutos de estar con ellos me percato que justo en la mesa de atrás anda esa chica que me hacía ver todo en 0.5x, solo para darme cuenta que un vato se me adelantó al estar hablando con ella. Terrible. Pero no le di importancia (sí le di).
Entre varios tragos, todos le entramos al baile casual. En eso llegó el que según Diego, era el tipo más hetero de todo Puerto, y sacó a bailar a uno de mis compas, si a eso se le llama bailar, porque el carnal se arrimó y le perreó hasta el suelo. Me lo dejó confundido, pero presente.
La noche avanzó y Diego me dijo que le consiguiera una plática más privada con mi camarada. Obviamente al principio le recalqué que ni madres, no había forma, sin embargo, me convenció en la parte donde mencionó que me iba a conectar con la chica que me gustaba, además coincidía que en ese punto de la historia el chico que la pretendía se marchaba. Hagamos una pausa, aquí les pregunto, ¿qué hubieran hecho ustedes?
-Va!- le dije, y tocó ir con mi bro a decirle que su flamante pretendiente quería tener un momento más a solas para conversar. El basura no quiso, y eso que se lo vendí bonito.
De acuerdo, sabía que me estaba excediendo, y justo antes de resignarme, me dijo que jalaba, a cambio de un favor considerable, y dejando claro que el plan es solamente charlar. Sin saberlo, estaba firmando mi carta de renuncia a mi libertad como la conocía. Estrechamos la mano, y de esa manera le entregué a un mercenario una tercera parte de mi fabuloso crew.
Así que, no eres de acá, eh? jaja, fue lo mejor que pude decirle a ella para iniciar la conversación, Diego había cumplido su parte. El baile subía y nos acercábamos más, noté que su cabello y su ritmo traían un flow incomparable y seductor. Conforme rozaba sus labios la culpa producto de lo que había hecho antes me carcomía, por suerte me acordé de Enrique Iglesias y me dije -tranquilo, hay que ver mañana.-
Honestamente la interacción no iba mal, hasta que el reloj marcó las 2 y Xcaanda anunciaba su cierre en 50 minutos. Dejé de ponerle atención a la chica y me preguntaba en dónde carajos andaban los otros. No vi a Diego y mucho menos a mi afortunado, por lo que me aceleré y enseguida pensé que se había molestado por nuestro "trato".
Como era de esperarse, ella notó mi dispersión y también se aburrió, esto mismo causó un interesante e inusual fenómeno conocido como "besos sin causa", es decir, cuando besas sin haber intención, curiosidad o deseo.
Todo se juntó; no veía a mis amigos, los ojos verdes se iban, me preocupaba que ni llaves del hotel tenía, y estaban a punto de desalojar el lugar. Después de la desconexión regresé a la realidad, busqué bien y encontré a dos de mis compas, aunque no al tercer mosquetero.
Platicando con ellos me dijeron que lo vieron salir junto a Diego con dirección a la playa... BOOM, todo se derrumbó, no me la iba a acabar, obvio pensé lo peor: que el otro baboso lo forzó a estar más a solas, y como mi carnal no es descortés, seguro aceptó hacerlo. Pfff, me sentía fatal y culpable.
Me desconocí, ¿dónde quedó mi lealtad? Le mandé mensajes para ver si había regresado al hotel, o mínimo para saber si estaba vivo, respuesta nula. Consulté con los demás y me dijeron que en efecto, puede que el pex se haya salido de control, pero que no preocupara tanto.
Se terminó Xcaanda, nos desalojaron, no sin antes ver a esos hermosos ojos verdes acercarse para preguntar si teníamos transporte... Ups, hay una ligera posibilidad de que durante nuestra charla haya faroleado sobre que rentamos un carro... Claramente fui honesto y le dije que no tenía las llaves, además de que era prioridad el otro asunto. Me mandaron al cuerno, y era solo el principio.
Acto seguido, reconocí a 2 de los amigos de Diego quienes me informaron que el cuate que estaba ligando con mi J.Lo de Puerto, en realidad, era taxista y el guía turístico de su grupito, ah, y que se quería madrear a uno de ellos debido a que supuestamente le sabotearon su noche. Falso, yo fui quien fastidió su noche.
Entretanto, yo andaba actualizando al crew sobre lo ocurrido. Insistí en marcarle sin obtener respuesta. Decidí ir hacia la playa a meditar, o ver si lo encontraba de perdida. Terminé platicando con una chica totalmente desconocida durante la noche. Si algún día lees esto, oye, gracias por verme a los ojos mientras te contaba cómo vendía a un camarada. No cualquiera.
Pues llegué al hotel, sin saber nada. Sorpresa, ya estaban los 3 ahí, platicando de lo ocurrido en la noche. Mi carnal no se veía molesto... quedé payaso, y espérense, esto irá con efecto retardado.
Ya en un momento a solas platiqué con él y le pedí perdón, no estaba bien lo que hice. Aparentemente lo pude arreglar, pese a todavía sentirme flagelado. Me platicó que por cortesía accedió a hablar con Diego mientras caminaban en la playa, y que después él lo invitó a su hotel para estar más a solas, me sentí peor. Afortunadamente lo manejó bien y le dijo que con la charla estaba a gusto, no había necesidad de más privacidad.
Al día siguiente todos amanecieron muy sarcásticos, pues iban comentando sobre mi gran hazaña de venta la noche anterior. No dejaban pasar una para recordarme que era una rata traicionera y la peor escoria entre las escorias.
En fin, andaba tristeando, consciente de lo mal amigo que era, y tuve que tragarme los días que faltaban con esa imagen mía. Mi siguiente acto sería tirarme por la borda e irme a confesar con Diosito, como si en 14 años desde mi Primera Comunión nunca hubiera sido inmoral para el canon católico. Regresamos de Puerto con el mejor repertorio de recuerdos, al final habíamos construido una de las anécdotas más cagadas que una pandilla de subnormales podía contar algún día.
¿Es aquí el final? No, para nada. Meses después nos volvimos a reunir todos en una peda, había más personas de múltiples círculos sociales, ambiente, tragos, etc. Dato: me encontraba en proceso de restauración y ese día me robaron mis audífonos, cartera, etc. Cuando ya éramos pocos, mi amigo el afortunado y yo nos juntamos para cotorrear y actualizar chismes, con algunos tragos encima he de mencionar.
Resulta que el cabrón era bisexual. Pasé meses tratando de perdonarme por mis acciones esa noche, fui a terapia y entre varias cosas mencioné mi culpa por ello, me miré al espejo sin poder aceptar lo desleal que fui, incluso mi concepto de amistad había alcanzado un nivel supremo porque según yo, él encontró paz y logró perdonarme sin complejidades, todo un santo, un ejemplo del poder de la amistad, ajá, pura madre, me enteré que este tarado estaba de vacaciones y yo en terapia.
Obviamente me sentí estúpido, pero también tranquilo de conocer una versión suya más real. Finalmente llegó mi redención.
Así es amigxs, llegamos al final de la primera anécdota, aunque no sé si será la única, veremos. Es un formato nuevo en Crónicas de un Mortal, más fresco, libre de reglas y dilemas existenciales (o eso anhelo) narrando las aventuras más inusuales y probablemente estúpidas de este improvisado ser en la vida, espero sea del agrado, o cuando menos, no del desagrado de quién lo lea. ¡Salud!
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