lunes, 19 de diciembre de 2016

Las cosas cambian.

No hay idea clara que no tenga un comienzo incierto, es el caso de esta entrada. Vale la pena decir que se acerca el final de este año, hora de enterrarlo, o quizá mejor (para algunos), conservarlo. ¿Son 365 días suficientes? 

Recuerdos, quizá la mejor manera de evaluarnos tras otro año que se va, aunque las victorias y derrotas son parte de nosotros, no hay algo más constructivo que la experiencia, y ésta, a su vez, surge y depende del recuerdo en busca de mejorar, o en su defecto, CAMBIAR.
Personalmente tenía muchas metas al inicio, es costumbre no cumplirlas todas, aunque, a decir verdad, las ganas y el deseo por realizar algunas se fueron esfumando poco a poco, ¿pasó algo? si, el amor. Espero que esto no se convierta en otra entrada de ello.

En verdad que, al igual que muchos, solía creer en el destino, de una forma tan directa, apasionada y sin precauciones, a veces de una forma desenfrenada e impulsiva; creía que sin importar lo que pasara, todo saldría de una forma perfecta y fantasiosa, hoy veo que no es así, al menos no del todo. 

Si, somos libres de vivir y expresar a nuestro ritmo, de una forma tan deliberada que creemos ser capaces de amar sin sufrir, porque el amor vuelve a los realistas unos románticos sin escrúpulos, pero aceptemos algo popular, el famoso "no hay amor sin sacrificio", cuánta verdad.

365 días pueden bastar para que tu convicción por algo se vuelva una contradicción, y perdón si lo menciono demasiado, pero el amor es el mejor ejemplo de ello, porque sean 365, 60 o tan solo un par de días, bastan para hacerte cambiar. Me sucedió a mí, y el proceso puede doler.

No hay un juicio claro para saber si un cambio es bueno o no, pero sí hay pautas que lo aclaran como que sea justo y benefactor para el medio, saludable, bondadoso, por decir ejemplos, aunque hay un punto más que puede ser decisivo; la plenitud y felicidad que trae consigo, desgraciada y afortunadamente no somos todos iguales, lo que conlleva que lo que hace a uno feliz significa un tormento para otro, no se puede tener todo. 

Sea bueno o no, el cambio significa un aporte a nuestra forma de ser, pensar o actuar, haciéndonos tan diversos como escalofriantes, prácticamente volviéndonos más de un personaje para nuestro libreto. Esto resulta más complejo de lo que aparenta, piénsalo bien: un día podrías hallar algo o alguien que te haga verdaderamente feliz, pero ¿se encontrará con tu peor o mejor versión? sí lo sabes, tienes aspectos que cambiar.

La última decisión, por supuesto, la tendrás tú, sin olvidar que nos debemos a nuestros recuerdos, experiencias y firmes convicciones, siempre con la posibilidad de evaluar, corregir y reubicar las fronteras que nos definen como uno mismo, o mejor aún, removerlas, esto es CAMBIAR.

Si bien no hay ideas que duren para siempre, cuida lo que dices, porque como dije al principio, un momento, una pequeña coincidencia, podría culminar en el repudio a aquello que juraste defender.

-Por un cambio cruel, pero en el momento justo.

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