martes, 31 de enero de 2017

El tiempo que mata.

Sabemos muy bien lo que hace, cómo actúa y sus consecuencias, ¿pero en verdad creemos conocer a nuestro asesino más grande?

Siglos atrás se creía que si había un ser omnipresente gobernante de todo lo conocido, éste tendría una forma humana o bien, similar, pero con vida, algo diferente a lo que ocurre hoy en día, en el 2017.

Quizá jamás se pensó que un todopoderoso pudiera tomar una forma, básicamente, inexistente como tal, sin vida, solo marchante sin paso atrás, pero al parecer la idea ha cobrado fuerza recientemente.

No me malentiendan, tengo aún creencias religiosas y comparto opiniones sobre el mundo racional, al igual que acepto las posturas que discriminan y señalan a mi "dios" como un fraude, sin embargo, también adopto la idea de algo más fuerte que nosotros mismos y que puede matarnos o crearnos, tan lento o rápido como desee. 

En la ausencia de hechos y verdades, cuando el mundo parece tener su mayor evolución, es inevitable dejar de creer o o perder la fe en quienquiera que la tengas, es ahí cuando sobresale aquello que podemos apreciar y nos afecta a todos, sin excepción, directamente me refiero a los segundos y minutos que transcurren en alguna parte de nuestra pantalla, casa, vida.

La mayor mentira que nos podemos hacer en momentos de crisis es ignorar nuestro alrededor y pensar que la burbuja en la que nos encontramos es de cierto modo ajena y sin jurisdicción de la autoridad, en este caso, esa autoridad sería el tiempo, la jurisdicción sería todos los segundos que pasan sin que nos percatemos realmente. 

No es nada nuevo decirlo, si hay algo que nos beneficia y hace que nuestras vidas corran coherentemente, es el tiempo, que, sabiéndolo aprovechar, puede convertirse en nuestro mejor amigo pues es testigo directo de nuestro avance, nuestros triunfos y el aprendizaje que adquirimos, el problema viene cuando no aprendemos. Entonces, el hombre sufre de un miedo paralizante; la sensación de perder el tiempo.

El efecto de lo anterior es muy diverso, porque nos podemos dar cuenta meses después del día de hoy, o inmediatamente al terminar de leer esta entrada, por decir un ejemplo, pero cualquiera que sea la forma, el resultado va a ser el mismo: insatisfacción.

Por más negable que sea, la insatisfacción es un golpe en el orgullo, es destrozante el saber que no hicimos las cosas bien y por ende, tener que lidiar con esa carga. Es común escudarse en lo liberal, diciendo que solo se vive una vez o que no es raro equivocarse, todo esto es respetable y perfectamente entendible, el problema vendrá el no aprender de ello. 

Hay y habrá cientos de ideas que describan el vivir de una forma u otra, pero un punto de tangencia básico es, en mi opinión, aprovechar el regalo de respirar y ser feliz. La insatisfacción es inconformidad, la inconformidad es desacuerdo, el desacuerdo supone un conflicto, el conflicto no es plenitud y sin plenitud no hay felicidad real. 

De todo esto podemos rescatar algo simple, el tiempo es un aliado y un enemigo en uno solo. Como aliado, es mejor que conozcas sus beneficios por experiencia. Como enemigo, puede volver loco al más prudente, puede dictaminar tu juicio y cambiarte, manipula tus emociones y sentimientos con cada segundo que te muestra, alarga el sufrimiento de alguien si así lo desea, es capaz de matar sin necesidad de involucrarse, solamente siguiendo su curso, entre otras cosas. 

Es por ello que el verdadero asesino silencioso es el tiempo, porque inocentemente acaba con sueños, ideas, esperanzas, seres y mucho más; es el cáncer más mortal para el alma. Si uno se propone a entenderlo, sabrá lo que debe hacer, lo que vale cada momento y el gran premio que puede significar el solo llegar un segundo antes. 

A decir verdad lo que empezó como un análisis terminó siendo una advertencia, perfecto ejemplo de cómo los minutos transforman el pensar y actuar, finalmente y reiterando, a falta de verdades y hechos, el tiempo se vuelve el juez que pocos se animan a enfrentar. ¿Fue un error el tratar de medirlo?

-Aprovecha el regalo que nadie te da y haz que el tiempo no se mida en segundos sino en felicidad. Enfréntate. Despierta (L).


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