No es el formato tradicional, es más bien el compendio privado que siempre me ha caracterizado.
Han sido tantas las veces las que le he dado vuelta, que mi cabeza me pide concentración en lo que de verdad importa, hablo de cómo he evolucionado a lo largo de las personas que me han marcado, directo, hablo de mujeres.
A, B y ahora C, las variables más constantes en mis 18 cortos años de existencia, y claro, las más determinantes. No se trata de como inicio y finalizo con A, o con B o C, sino más bien de qué tan estúpido soy para abordar a cada una, sí, lo sé, a los de mi tipo les encanta volverse locos por una flor en el desierto.
Fugazmente, así como lo pienso, es cómo surgen mis palabras en esta patética noche. Me destruye saber que no puedo concebir un equilibrio entre lo que siento y lo que pienso, me destruye no controlar mis emociones, me destruye, sobre todo, la incapacidad de fijar una idea concreta, es decir, no poder hacer caso a una sola cosa lógica que se me ocurra.
¿Cómo le llamamos a eso? tiene muchos nombres, podemos darle forma, como esa idea que no tiene raíces realmente, flotante, sin seguridad o validez, se vuelve una teoría, una conspiración que en alguna parte de tu yo hace una revuelta y fractura las premisas más firmes, en pocas palabras, es ese pensamiento que funge como una venda de acero en los ojos, pero que no es más que una tira de papel, la llamo suposición.
Fracasos, fracasos, fracasos, eso me dice una de esas mientras nace otra que me dice que tengo oportunidad, ¿A quién hacerle caso? es horrible tener que decidir, porque cuando eres verdaderamente frío te das cuenta que pretendes enfrentar un huracán con un bote que tiene fugas, es absurdo, es verdaderamente estúpido, pero por algo son suposiciones, porque te engañan creyendo que tienes un navío de la segunda Guerra Mundial.
Todo esto se vuelve muy tedioso, porque cada 20 minutos pienso en una posibilidad, me decaigo después con un hecho, al cabo de un rato vuelvo a reflexionar y me doy cuenta de que ya perdí 1/12 parte del día en algo que no me va a llevar a nada. Eso, a la larga, te hace insipiente, incolora, y finalmente, te convierte en alguien que todo el tiempo mira abajo.
Es la primera vez que no sé a qué conclusiones llegar (nada raro por el tema que trato), pero de algo estoy seguro; mis próximas decisiones, con o sin apoyo, son tan válidas como vulnerables, se vuelven un barco como el RMS Titanic que carga en su interior a solo 2 pasajeros; uno soy yo, mi reto es conocer al otro. Piénsalo, en un mundo lleno de falacias la lógica pasa desapercibida.
Provocando el pasado es como logro sobrellevar el presente.
Engañoso, elegante y complejo el silogismo de la suposición.

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