Un impulso, una señal de peligro, como a todos, me bastaba para cambiar rápidamente mi paso, acelerar, porque quienes me conocen saben de mi afición por la velocidad. Sin embargo, si hay algo que hacía que diera ese segundo que necesitaba para pasar un verde del semáforo o a una moto raspando mi espalda, era la frustración.
Es muy simple al principio, se vuelve monótono, un común denominador de quienes lo han sentido alguna vez, un sentimiento tan predecible pero a la vez tan simpático que ciega a cualquiera que se atreva a encararlo con seguridad. Ya sabes a cuál me refiero.
Que te enteres de cosas de las cuales no querías enterarte es una, pero el hecho de escuchar una verdad tan cruda, tan poética y depresiva, a veces mueve más al impulso del que al principio te hablé, ¿el resultado? los 20 o 30 segundos más fuertes, hábiles y rápidos que tendrás en toda una vida, una y otra vez.
Le dicen selección natural, le llaman rechazo y oportunidad, algunos se atreven a nombrarlo injusticia, yo no soy alguien para afirmar cuál es la indicada, pero, al igual que todos, tengo derecho a usar la que sea en un caso tan particular como el del individuo.
El caso a todo, es que el hombre infinitamente y por ley, no prevé el siguiente movimiento con seguridad absoluta; ese margen, ese lapso determinante, le da sabor y destrucción a casi cualquier segundo de nuestra rutina, positiva, o negativamente. El hombre es un animal que no sólo carece de seguridad rígida, es el único capaz de caer 2, 3, o n veces con la misma piedra, por más predecible que sea.
Finalmente, en este juego de emociones, quién alcanza a coronarse a veces está ahí por el sacrificio de los peones, no digo que sea el caso, pero tras una tarde de copas llego a muchas más conclusiones de las que pienso estando apático. Es, de una vez por todas, un ganador quién aprende y se va con decisión y carácter, la copa no te brinda todo ese prestigio, pero se vale ser realista, y donde hay un ganador que levanta el trofeo siempre hay un perdedor resignado y frustrado.
Después de un par de años, volví a correr con la energía que me caracterizaba, con el coraje e impulso que alguna vez casi me asesinan.
Flores, desierto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario