viernes, 29 de diciembre de 2017

Postales desde el risco.

Lo admito, otra madrugada amarga, no es novedad, y tampoco una ocasión diferente.
Ese día anocheció temprano para mí.

En medio de una balada de teclas retumbando fue como desperté, como muchos, sin algo que esperar ese día a pesar de que pintaba para ser uno bueno. 

Los 365 días ahora los entiendo más; no importa que pasó en cada uno, lo que de verdad prepondera es cómo los afrontamos, y para mi orgullo, fueron 365 días buscando algo que nunca encontré. 

Me había dado otra oportunidad éste año, un nuevo proyecto. No es infortuna, es un error craso, es un cuento de decisiones que llevan no a un camino correcto o incorrecto, solamente al camino que tenías que llegar, y los griegos lo sabían. 

A la par de todo esto caigo en la cuenta que las emociones son tan impredecibles que escribir porquerías cada vez resulta más sencillo, sin sentido aparente. No quiero ayuda, no quiero palabras, mentiras o voces que me digan que todo estará mejor; quiero oídos que sepan escuchar, ojos que sepan llorar, y sobre todo, mentes que quieran algo mejor. 

Como otra idea fugaz, no puedo dejar de pensar en la canoa en la que estoy, estamos muchos, metido en un viaje del cuál ya quiero saltar. Lo reconozco, la saqué de esas estúpidas imágenes aleatorias que desbordan en los Inicios de redes sociales, y consiste en el viaje que inicia bien, pero que acaba mal. 

No creo que sea suerte, pero la canoa es determinante, porque no importa que quieras o digas, si no haces exactamente lo que debes hacer, no podrás librarte. Hoy, al parecer, entendí que ir en la canoa donde va ella, para entregarla al final donde de verdad quiere estar, no es tan malo, no la veía con ojos más que de indignación y tristeza, pero, no hay remedio, es de esas cosas que de verdad no tienen remedio.

Aceptar la resignación, aceptar que para bien o para mal, serviste de algo, aprendiste, jugaste, te divertiste, y al final, seguramente lloraste, ¿qué podemos hacer? Es aquí cuando el destino es una palabra más del diccionario, es aquí cuando tus sueños, anhelos, y esperanzas, caen sin el alba que los rodeaba, es aquí cuando no sabes hacer otra cosa más que preguntarte ¿Por qué lo hice?

No quisiera responder todo lo que en ese momento me pregunté, solo queda el recuerdo, un recuerdo amargo, pero al final, es un recuerdo más, uno que nunca saldrá de donde alguna vez se originó, el corazón, qué cursi. Alguna vez dije que de ellos son los libros más valiosos para el alma, que de ellos se aprende, y que de ellos mejoramos como individuos. Bueno, amigo, tuve razón, con el toque exacto de soberbia, tuve razón.

No hay mucho más que decir, la vida continua, y sería estúpido que me detuviera por una caída más, por algo que al parecer no tenía que sucederme, ¿Cómo es que me volví tan vulnerable de repente? ¿Cómo es que tan pronto, tan fácil, tan íntimo, me atravesó el dardo fulminante de, amor? Duele decirlo por su nombre, a veces.

Ese día me levanté sin algo que me detuviera, una vez más, absorbido por mí mismo, qué decepción. Conforme pasó el tiempo me convencía más y más de no rendirme, pero él me hizo reflexionar, y es verdad lo que me dijo; en esa pared donde cuelgas los títulos universitarios y diplomas es donde también deberían ir los recuerdos más coloridos, los logros que haces a diario, lo peculiar de cada uno de nosotros, porque así, al volver de una noche triste, sabrás que hay un millar de medallas recordándote quién eres, cómo llegaste aquí y por qué debes seguir.  

Ese día se hizo viejo, estaba en el auto a 164 km/h, tomé el nuevo tramo de carretera que se pagó con todo menos con honestidad, cuando menos me percaté estaba atravesando una de las curvas más cerradas de mi vida, mi mente, cerrada por la nostalgia, no se percató de que a la derecha estaba el Sol más amarillo que de costumbre, giré la cabeza tarde, pero alcancé un segmento apenas: se dibujaba un atardecer sin igual, todo desde el risco donde manejaba, fue la postal que jamás olvidaré, y en todo ese lapso, no supe hacer otra cosa más que pensar en tí, y manejar.

Son vísperas de Año Nuevo, quería iniciarlo escuchando tu voz, creo que no se va a poder, y está bien, mientras seamos felices.
Fue lo mejor que pude tomar segundos después. 
Canoa.

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