miércoles, 11 de septiembre de 2024

El Cierre

Como dos desconocidxs que alguna vez fueron más. 

La noche avanza y no perdona. Se supone que capté el mensaje sin remitente, pero aquí estoy, con la esperanza de que te enteres de la historia que al parecer me inventé. 

Sé que no será algo nuevo, se supone que soy mejor, más listo y preparado que todas mis versiones anteriores, pero a veces esa percepción se enmudece frente a situaciones importantes. 

Me costó tiempo entender que en verdad me equivoqué, que tuve en mis manos la oportunidad de hacer las cosas diferente, y no hablo solamente de ti, sino del presente, de todo lo que involucraba. Después de decisiones equivocadas, comprendí que a veces obtenemos lo que merecemos, pero justamente hoy me siento frente al monitor tratando de que sea la última vez que esté aquí, contigo invadiendo la totalidad de mi mente. 

Me mostraste senderos nuevos que no sabía que quería; me enseñaste cosas que no sabía que podrían gustarme; me diste algunas canciones que jamás creí escuchar, pero que ahora me resulta imposible separarlas de tu recuerdo. 

Entre tanto cobijo y buenas intenciones, también se sembraron semillas que hoy me destruyen, como la apatía y la indiferencia, supe ahí que cuanto más intentara, más inútiles serían mis esfuerzos. No lo hiciste la primera vez, ni la segunda, y mucho menos hoy. Y bueno, es mi merecido, ¿no? porque fui yo quien lo hizo al principio. 

Pocas cosas queman más que saberse como un nombre cualquiera entre cientos de páginas, cuando inevitablemente tú para mí serás un capítulo entero. Conformaste una de las épocas más lindas y fugaces que jamás he vivido, sería incapaz de negarlo, al igual que me sería imposible resistir de nuevo la sensación de un criminal con la que me marché hoy ante tus ojos, o bueno, tu silueta dándome la espalda.

Desde la adicción que me producían tus besos, hasta la plenitud de tus ojos sonriéndome, será difícil hacerme a la idea de que no construimos las razones suficientes para permanecer en la vida del otro. Quién sabe, quizá sí tuvimos forma de cambiar el rumbo, pero fui yo quién se equivocó primero, y los errores se pagan caro.

No me queda más que agradecerte el tiempo, la felicidad que sin duda me devolviste y que hace mucho tiempo no sentía; las mañanas, tardes y noches tan cálidas a tu lado; la dopamina cada que tocabas mis manos; la expectativa por querer conocerte día tras día; la emoción de pensar en ese primer concierto; la honestidad en esos pequeños detalles; la chispa que solo tu mirar podía hacerme sentir. 

Dicen que las mejores historias tienen cierres inolvidables, pero ¿Qué sucede con las casi-historias? Tal vez resulta más irónico que conmovedor, caigo en cuenta que mi apuesta más grande terminó por sepultarse entre las cenizas de los versos que alguna vez nos recitamos. Y como ya me habían dicho, las promesas se deben cumplir, hasta aquellas que impliquen desaparecer del presente de alguien más.

Disculpa por no ser quién esperabas, me hubiera gustado serlo, lo seguiría intentando, pero solo necesitaba una gota de fe y esperanza, más no indiferencia. Los mensajes duelen. 


Take me back to the night we met.


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