Pensé que estaba listo para soltar, cuando ni siquiera lo estoy para escribir esta entrada. Más que una oda a tu ausencia, es una reflexión para saber qué hiciste conmigo.
No fue fácil decirte adiós la primera vez, sentía como me golpeabas sin tocarme, como poco a poco desaparecías de mi vida, sin hacerlo realmente.
No tuve el valor ni la sensatez de ver más allá, y renuncié por mi orgullo, porque no podía dejar que lo destruyeran una vez más.
Cuando me di cuenta que estaba en un error, obviamente fue demasiado tarde, y es crudo pensar que muchas historias terminen de la misma manera. Si bien no puedo adjudicarme toda la responsabilidad, la realidad fue que no construimos algo sólido desde un inicio.
Tal vez fue la rapidez y lo apresurado, quizá fue la emoción de sentirme nuevamente querido, deseado y pleno. Más tarde entendí que la sensación de vacío era peor que cuando esperaba a que alguien como tú llegara.
Quién sabe, la mayoría de las personas afuera pensarán que el sufrimiento no se relaciona con el tiempo que duró, pero soy honesto cuando te digo que cada día es peor. Es claro que hay algo malo en mí, ahora lo trato con las personas indicadas, y entonces me pregunto ¿Cuánto más durará esto?
Mis esperanzas brillaban cada que veía un notificación tuya, aunque solo fuera una sugerencia de Facebook para ser amigxs. No daba crédito al creciente numero de vistas en este blog. Hasta llegué a pensar que eras tú.
Y ahora solo escribo al aire, porque si eras tú entonces ya me dejaste claro que te vas, como yo lo hice esa primera vez. Entrar a mi página principal para ver ese número de visitas avanzar se convirtió en mi mejor pasatiempo estos días.
Que sí, que sí, la prudencia nunca cupo en mí, y son incontables las veces que he deseado ir a verte, solo hablar y obtener las respuestas que ojalá me dejaran dormir.
Debo entender que un buen día tal vez te diste cuenta que yo no iba a ser la persona, y te admiro mucho, porque hiciste lo que yo no pude; avanzaste.
Créeme, aún con todo lo que he sentido este tiempo, tengo en alto la convicción de que conocerte por segunda vez cambiaría las cosas, para bien.
Todos y todas me lo han dicho: es momento de partir. Y es que no quiero, porque desde que vi esos ojos que ríen no me ha sido fácil olvidarlos, o siquiera dejar de pensar en ellos. Al final me percaté que entre todas tus cualidades, era tu forma de sonreír la que me atrapaba por completo.
Quiero verme al espejo y no decir mentiras, cumplir mis palabras e irme, porque me has dado tantas señales que ni siquiera sé cuál me ha dolido más.
Puede que lo que me detenga sea capricho, obsesión, porque me es imposible dar crédito a cómo le hiciste para que sea incapaz de soltarte.
Al menos quisiera que leyeras esto, que lo pensaras, que si es tu deseo, me des el cierre o lo que sea para acabarme. Pero como siempre, creo que me ilusioné de más al asumir que estabas detrás de todas esas vistas.
Sí, te extraño, ¿Qué pierdo al admitirlo? Si ya lo perdí todo cuando tenía que quedarme.
O bueno, también es probable que todo esto sea un invento mío, que en serio haya sido cualquier persona en tu libro, que ya estés mejor. Tal vez aluciné la mejor historia que un eclipse inició, y además, la convertí en tristeza.
No hay comentarios:
Publicar un comentario