Una breve introspección por una de las palabras más bellas y más sofocantes del Español.
Los días oscuros no terminan, pero sí se vuelven más intermitentes. Mientras marcho en el camino de la reconstrucción, me gusta leer de vez en cuando lo que alguna vez me hizo sentir parte de la cima. Entre esas notas y pensamientos específicos, destaca la palabra siempre, porque no la escribía 1 o 2 veces por cada 1000 verbos; lo hacía en cada dedicatoria.
Apenas hoy me percato de ese fenómeno, pues fuiste la única persona que ha provocado esa complejidad de significados en 7 simples letras, y una tras otra articulándose, entendí que la fuerza de una palabra es cómplice de la cualidad que le conferimos al pronunciarla, al escribirla o incluso al pensarla solamente, más allá de lo que el diccionario y las reglas gramaticales nos quieran explicar.
No hay dudas, el lenguaje sigue siendo para mí la invención más importante en nuestra historia, tan abstracto para relacionarlo con signos y símbolos, y tan estimulante para causarnos llanto con los ojos cerrados. Qué hermoso, ¿no? Hoy somos capaces de hallar honestidad, virtudes y aspiraciones en un montón de letras que alguna vez comenzaron siendo solo una sinapsis en la mente de alguien.
Si bien los siempre deambulan entre hechos y promesas, nada les quita la poca o mucha genuinidad que transportan. Tal vez no sean un sinónimo de pureza, pero sí de humanidad.
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