martes, 26 de abril de 2016

Crónica de una crisis.

Esto es una experiencia personal, sé que muchos la han vivido, y sé que mucho la han sufrido el doble, quizá logren identificarse en algo.

Para mi las hay de 2 tipos: las que están en tus genes y las que se hacen, ambas son distintas pero igualmente horribles, te carcomen poco a poco, y sabes que no puedes hacer mucho cuando ya están cerca. La primera te controla desde tus células, es un padecimiento que se combate con fármaco, horas de ayuda profesional y hábitos diferentes, en cambio, la segunda sólo está en un lugar; en tu mente, es psicológica, pero se rebela y contagia a los demás sentidos, como una onda expansiva. Las dos te atrapan y no puedes escapar tan fácil. Las dos te controlan, en una incluso debes inyectarte, la otra puede durar un par de minutos, o prolongarse tanto como quiera.

Reitero, las 2 son horribles, pero sólo una te persigue a donde vayas, sólo una se resiste a los sedantes, aunque la quieras engañar con tu frasco de pastillas pequeñas, sólo una seguirá ahí, en tu cabeza, y no todos los doctores o tratamientos podrán ayudarte. Es la que describiré.

Primero hubo un momento de adrenalina, rabia, miedo, o cualquier otra sensación en exceso, se quedó grabada, hasta atormentarte varios días o semanas después, incluso meses o años. No fue una experiencia agradable, ni siquiera un poco, no se olvida como cualquier otra que se queda en el camino, ésta te sigue a tu cuarto, al centro comercial, al transporte público o a la escuela, no se apiada de ti, ni lo hará. Grábate esto: eres tú contra ella. 

Pudo haber sido una muerte, un accidente o una situación que se te quedó marcada gravemente, tienes más miedo a vivirla de nuevo que a cualquier otra fobia, tienes fragilidad, te consume y el exterior parece no notarlo, te vuelves el mejor actor para poder disimularlo, pero por dentro ahí sigue. Es normal querer ocultarlo, el problema viene cuando quiere salir sin tu permiso.

Recuerdas el pasado, la ansiedad viene, la tensión muscular aumenta al igual que el ritmo cardíaco, quieres advertirle a alguien pero probablemente te da vergüenza, o tal vez no haya alguien. 
La primera vez es la más caótica, porque no piensas en tu cuerpo, solo te atormentas, los recuerdos vienen una y otra vez, te frustras, el llanto aparece, ya no eres tu, personalmente perdí e control de mi cuerpo, caí, ya no sentía las piernas, ni brazos, pero si veía como se movían, sentía los hilos sobre mi, como un títere. Muchos piensan que reina el silencio, pero no es cierto, lo que escuchas puede ser llanto o gritos, ni siquiera sabes si es el tuyo, o las voces en tu cabeza, no estás loco, no es la horrible esquizofrenia, te convences que pasará, y cuando de verdad reaccionas te das cuenta que la mente junto con las memorias son en verdad opresoras. Ves la vida un poco distinto. Crees que lo puedes controlar.

No te sorprendas sí no es así, porque si pasó una vez podría volver a ocurrir. Tuve un par de episodios no tan fuertes, réplicas en menor escala, nada de qué preocuparme, o eso creí. Algunos medicamentos contra el estrés pueden servir para aminorar la ansiedad, actúan como estimulantes que irónicamente relajan y erradican un poco el "ataque", pero no fueron creados para eso, a algunos les funciona, yo pensé que era de esos.

Cuando sufrí "una crisis" en la escuela me convencí que la podría soportar, porque las he visto de cerca y más fuertes, pero no mentales, sino  por enfermedad, creí que era peor así, y que lo mío era solo algo pasajero, que no estaba enfermo. Recuerdo que la noche anterior no dormí, ni desayuné tan bien como se debe, tras determinadas situaciones decidí que lo mejor era estar solo un rato, fui a dar la vuelta, no me preocupé por lo que pasaba en mi celular o dentro de las clases, sabía que me iba a tomar de nuevo, pero esta vez estaba listo, ya era suficiente. Posteriormente, al entrar al ruido y estresante mundo de una clase, perdí lo mas importante: el control. Caí, pero nada que no haya vivido alguna vez, lo mejor era sentarse y aislarse completamente hasta que pasara, me temblaban las manos, me preguntaban lo que tenía, no quería responder, no quería decir cosas que no vinieran de mi, no quería que lo que estaba oprimiéndome saliera de mi jaula y la lastimara, así que la aleje groseramente. Me encerré una vez más en mi. Mis pies se entumieron, mis manos también, mi cabeza giraba y, sin marearme, solo podía ver una cosa; lo que me hizo arder un tiempo atrás, aquella experiencia que se queda marcada y produce todo ese caos. Después ya no lo resistí, me atrapó, mi cuerpo creo se retorcía, sentía las miradas de los demás, gritos que ya no aguantaba, odié todo, algo me quemaba, uno de mis miedos se hacia realidad; mis piernas, se iban, pensé que ya no estaban,  y es que en medio de ese trance hasta lo más estúpido y absurdo cobra sentido. No tengo claro lo que ocurrió enseguida, los testimonios fueron los rasguños, golpes y cansancio, cuando cobre completamente el sentido y estaba afuera, ¡Genial! me hacían bajar escaleras pensando que estaba enfermo, y lo peor fue la silla de ruedas en la que me obligaron a estar, entré al consultorio, me dieron oxígeno, alguien me acompañó y estaba ahí, finalmente la situación se controló, pero el recuerdo seguía ahí, sigue ahí. 

Suena exagerado, ¿no? lo entiendo, yo también lo creí hasta que lo viví, que quede claro, fue en una mínima dimensión, porque amigo, créeme, hay personas que en verdad sienten las llamas en su piel, el monstruo que hay adentro en secreto, ahora las entiendo un poco más. 

A la fecha vivo con todo eso, recuerdos y experiencias, no hay una forma clara de superarlas, ni los mejores fármacos  pueden contra algo que esta en lo intangible de tu mente, existe la voluntad y fuerza como mejor tratamiento, o al menos eso ha sido un poco mi solución. No intentes escapar, no eres alguien cobarde, el miedo a sufrirlo, a vivirlo de nuevo es lo que te supera, hasta que lo permites.

¿Recuerdas la lucha de la que te hable al principio? Tu contra ella... ¿Sabes en realidad quién es ella? Eres tu mismo, es tu "yo" en una versión que te causa miedo y te recuerda lo horrible que fue ese día, o días. No hay peor lucha que una contra ti mismo, es la batalla más difícil, la única en la que ganar en realidad es perder, en la que podrías sentirte derrotad@ sin importar el resultado. Pero, aún con todo eso, lo importante no es vencer, sino aprender; conocerte mejor, identificar a tu peor versión para mejorar a la actual, recordarte que la voluntad y esperanza siempre estarán ahí, tus aliadas.   

Sí vuelve ocurrir no te aseguro que estarás preparad@, pero sabrás contra quién es la lucha, la mejor arma estará en ti. Intentar escapar no es un sinónimo de debilidad, a veces las acciones valientes se esconden en los actos cobardes. 
Permanece valiente.
-ραχτυς(P)

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